miércoles, 30 de enero de 2008

¿Por qué?

Mami: ¿por qué las mariposas vuelan y los perros no? ¿por qué tienen que volar los animales con alas? ¿por qué el cielo es azul? ¿por qué tengo que tomarme la leche? ¿por qué me hace bien? ¿por qué no puedo comer puros dulces? ¿por qué tengo que ir al jardín tan temprano? ¿por qué? ¿por qué? ¿POR QUEEEEEEEEEEEEEEEEÉ?
Sí… así de preguntones éramos. Todos, creo yo. La curiosidad mató al gato. No dudo que nuestras madres, padres, tíos, abuelos, etc, quisieron matarnos también. Pero queríamos respuestas y, muy probablemente, no obtuvimos ni la mitad de ellas. Los “¡CÁLLATE!” deben haber sido los más usados en ese tiempo. Así que, pasado un rato, nos quedamos callados. Ahora no preguntamos “por qué”. Ahora asumimos que sabemos esos “por qué”. Y, por lo mismo, no tenemos idea de lo que le está pasando a la persona que está al lado nuestro. Por eso mismo la embarramos. Preguntemos, escuchemos. Lo peor que nos puede pasar es que nos hagan callar, otra vez.

1 comentario:

Juan Andrés Vallejos dijo...

Estamos en edad de buscar nuesras propias respuestas de forma silenciosa para que nadie nos calle el silencio.