Me fascina ese tema de las posibilidades. Me intriga tremendamente porque ando siempre buscando que dejen de existir… que haya un fin… que de cierta forma puedan ser organizables, ordenables, que haya una pauta que me permita decir, puedo pensar esto, o esto, o esto de este texto. Fin. Poder decir “Aaahhh tú crees esto”. Simple. Pero no. Y eso es lo que lo hace siempre interesante… e interminable.
En un libro muchas veces uno se contamina antes. Lee en alguna entrevista por ahí qué es lo que el autor quiso decir, o escucha la opinión de alguien, o se entera de lo que criticó cierto entendido de literatura. Es por eso que, en general, trato de leer, y de que la gente a mi alrededor lea, lo que cada uno quiera leer, y no lo que de cierta forma le impongan. Y que ese texto, que está ahí, quieto en un estante, vaya sufriendo las transformaciones que el lector le quiera dar. Que primero sea una cosa, después de un tiempo, otra, que finalmente se transforme en algo que se está leyendo por primera vez. Pero para lograr eso, hay que pasar por un tiempo en el que se olvide (o se pretenda hacerlo) lo que antes se creyó, o lo que otros creyeron leer.
Con las canciones es distinto. La música generalmente complementa lo que el texto dice, lo subraya en ciertas partes, lo ennegrece, lo sustenta, lo margina. Como también, en otros casos, miente, engaña, se olvida por completo de la letra que lo acompaña (y se contrapone a ella). Por lo que esa gran magia que esconde la canción (o al menos es lo que creo, porque en realidad no sé nada de música) está en que la combinación de sonido y letras me abre, a la vez, un torrente de nuevas posibilidades.
Y es así como sé que, cada vez que subo una canción para alguien, para mí, o para todos, es muy difícil que entiendan lo que yo estoy entendiendo. Pero insisto en hacerlo, porque muchas veces siento que las palabras que podría usar yo sobran… en cambio en la canción están tan bien dichas. Al menos para mí.
En todo caso, sé que es complicado que el mensaje que este emisor envía, llegue de forma correcta a su receptor. El código y el contexto nos matan. Pero no importa. Me enloquece saber que una sola cosa pueda ser comprendida de tan diversas formas: que me demuestren que ese significado que yo le di, es la mínima expresión de todo lo que podría ser. Y me encanta pensar que al menos una persona la entendió como yo la entendí… (para algo ennegrezco, ¿no?)…