lunes, 4 de mayo de 2009

Mañana tengo prueba. Y como todos los días en que voy a tener prueba, y ya mi cerebro no puede más, me pongo a reflexionar sobre todo lo que ha dado vueltas en los últimos días y que no he querido pensar. Y vienen las nostalgias, melancolías y suspiros. Viajé a mi casa el fin de semana. Fui lo más feliz del mundo. Volví y aun estoy feliz… pero más nostálgica. Y no es por la casa. Sólo que a veces uno se siente un poco lejos, un poco sola, y no de gente ni de lugares, sino que de sí. Y creo que la razón de mi melancolía es más que nada que allá estoy tan protegida, tan en mi propio lugar, que no da tanto miedo todo. No hay tanta inseguridad, está la gente que te quiere “incondicionalmente” o como se diga. Entonces allá no es tan terrible estar tan desorientada. En cambio acá, en un mundo que es más tuyo que el de nadie más, porque eres tú sola viendo cada una de las cosas que ocurre, tú solita interviniendo en la realidad observada… sólo tú, obvio que da miedo. No podría ser de otra manera. Y más me desoriento ahora que me doy cuenta que ya no me molesta estar sola, ya no me molesta no tener de qué hablar con A o B o Z, ya no me molesta salir y moverme sola. Ya no me afecta. Ya no me da pena. O sea, no me da pena pero sí me afecta, me afecta porque es raro y porque nunca había sido así. Como que quedé cómoda con esta nueva soledad. Que en verdad no es tan sola, sino que sólo más alejada, más tranquila… ¿más egoísta?
En fin, como sea… ¡en resumen! Me desorienté.

*no sé si sólo hoy estoy escribiendo en todas las personas gramaticales al mismo tiempo, o si sólo hoy me dí cuenta.

No hay comentarios: